Extrañaré mis paredes, sus pliegues y color. Esa tranquilidad que me brinda para poder intentar darle un orden a mis ideas. Y es que a veces me canso de mí. De ser yo. Me canso de estar en este cuerpo que lo soporta todo. Frio, hambre, sueño, enfermedades, golpes… Estoy cansado de sentir en mi cabeza las voces de lo que debería hacer, de en dónde debería estar, con quién debería hacerlo. Me siento preso de mi mismo, intentando romper las cadenas que yo mismo me ato. Pero soy tan eficaz al construirlas que no soy capaz de quebrantarlas ni doblarlas ni tan siquiera sobrellevarlas. Y a veces me resisto a mi mismo. Y me creo pequeñas rebeliones en donde intento declarar mi independencia. Pero todo es inútil. Se que mañana despertaré y estaré aquí, firme al pie del cañón, intentando boicotearme. Y luchando conmigo mismo por ser lo que quisiera ser. Encerrado en esta prisión de carne y hueso. Y construyéndome día a día las cadenas que me ataré al día siguiente.
Cuando me abstraigo de mi mismo, me observo sentado mirando la pared blanca de mi habitación acolchonada, y busco desesperadamente la forma de no ver solo a un pobre tipo sentado en una habitación observando una pared blanca radiante y acolchonada…
Pero es inútil. Mañana despertaré. Y sólo veré a un pobre tipo sentado en el suelo, observando inútilmente esta pared blanca radiante y acolchonada…