15. Ella II

La miro a los ojos y sonríe. Lleva unos pendientes con piedras colgantes y el pelo totalmente recogido. Intento tocarle la cara, pero no puedo. Le rozo la mano derecha con mi mano izquierda. Un toque casi inperceptible. Tan sutil que creo que solamente yo lo noto. Todo se desarrolla como si estuviéramos en cámara lenta. Como si nuestro escenario fuese una enorme piscina y estuviéramos sumergidos muy en el fondo de ella.
No hay sonidos.
Ni gente.
Solo ella y yo.
Un salon inmenso totalmente desprovisto de mobiliario. El suelo completamente de granito blanco. Las paredes del mismo color. El techo de madera, muy muy alto. Demasiada luz.
Es como si bailaramos. Pero sin tocarnos. Una danza sutil. Solo sus gestos y mis miradas. Se acerca y se aleja lentamente. Me sonríe. Gira. Intenta tocarme la cara pero algo la detiene. La expresion de su rostro cambia tanto que parece como si hubiera visto un fantasma. Un sonido ensordecedor hace que toda la habitación comience a vibrar. Las paredes lentamente se tiñen de rojo. Del techo caen gotas de un líquido del mismo color.
Espeso.
Oscuro.
Y mis manos.
Mis manos siempre manchadas de sangre.

Otro sueño... siempre parecido al anterior.