Algunas veces me tocó despedirme. Otras me tocó estar en el preludio de alguna despedida, intentando alargar los momentos definitivos.
Cierro los ojos y las imágenes se confunden unas con otras. Me llegan pequeños fragmentos, visiones borrosas de algunos intentos de culminar con palabras, o gestos o miradas, los momentos decisivos de lo que sería el comienzo de alguna ausencia prolongada.
Nunca fui bueno para eso.
Nunca me gustó decir adiós.
Siempre fui partidario del “hasta luego”. Uno nunca sabe las vueltas de la vida. Uno nunca sabe con quién se va a volver a encontrar.
Pero eso no quita que sea un ignorante en cuestiones de despedidas.
A veces quisiera tener a todos los que quiero siempre conmigo.
Pero sé que no se puede. Y me jode saberlo. Y me jode ser consciente de todo y entender que no se puede ir por la vida reteniendo a quien uno ama. Que de eso se trata justamente el amor. De libertad. De confianza.
Pero me jode.
Quisiera poder volver a escribirte todas aquellas palabras que te escribí. Quisiera poder volver a decirte todo aquello que ya te dije. Pero sería más de lo mismo. Y seguramente te debe resultar cansador escuchar siempre la misma canción.
No me sale decirte adiós.
Pero tampoco me sale decirte “hasta luego”.
Me aferro vacío de esperanzas a un puñado de sueños que siempre son los mismos sueños. Escarbo en mi memoria tratando de juntar los pedacitos de recuerdos que forman parte de nuestra historia. Intento armar ese puzle en mi cabeza cuidando de no perder ninguna pieza: esa noche cuando tu sonrisa iluminó aquel salón tan oscuro rodeado de gente. Los besos a escondidas. Las tardes felices en las que nos regalábamos el uno al otro. “Nuestra casita”. Las peleas. Las reconciliaciones. Las risas. Las lágrimas. ¡¡Tantas cosas!!...
Y el adiós.
Este adiós que no quiero pronunciar y que trato de no enfrentar. Que dejo de lado y hago como si no existiera. Interpretando tal vez el triste papel de un pobre avestruz. Un animal que esconde su cabeza, su vida, sus sentimientos, para no enfrentar lo inevitable.
A veces quisiera no ser este que escribe.
No ser este que siente hasta que duele.
A veces quisiera ser ese que entiende y acepta y deja pasar y se conforma con lo que va viniendo, aceptando las cosas de manera racional.
Pero no puedo.
Será que también soy un ignorante en estas cuestiones...