Ya hace cinco meses que estoy aquí. O por lo menos son cinco meses lo que recuerdo estar aquí. Y ya todo me resulta familiar. Los que limpian. Las personas de seguridad. La gente de administración. Muchos ya saben mi nombre y hasta me saludan amigablemente.
Se acerca el fin de año y, como dicen que es costumbre, saldremos de cena por ahi, para despedir el año y festejar la llegada del que se aproxima. Así que Núria se ofreció a regalarme algo de ropa para que pueda ir un poco más presentable, algo que me haga sentir un poco mejor que estos viejos vaqueros y esta camisa. Me hizo esperarla en la sala de recreacion. Y mientras estaba alli, sentado en un sillón intentando encontrar las grietas de una pared cubierta de ladrillos, apareció de repente un hombre y me tomó por el hombro de manera muy sorpresiva. Tanto fue mi asombro, que dí un salto sobre mi mismo y mi corazón, por un instante, intentó querer salirse de mi pecho. Lo miré entre asombrado y consternado, tratando de ubicar aquel rostro. No me parecía familiar, o al menos creía no haberlo visto nunca por aquí. Me sonrió. Asintió con la cabeza y se alejó muy lentamente.
Y fue raro. Porque aunque no lo conocía algo de él me resultaba cercano. Era como si ese pequeño toque hubiera conectado con mis sentmientos mas profundos.
Era como si una extraña y poderosa energía comenzara a circular rapidamente por mi cuerpo e hiciera que por un pequeño instante me sintiera un poco más libre. Un poco más en armonía conmigo mismo y con todo lo que me rodeaba. Como una bocanada de aire fresco en medio de una habitación encerrada.
Es difícil explicar una sensación. ¿Cómo se describe un sentimiento?
Mis capacidades como escritor mueren justamente aquí, en este preciso instante de querer describir con palabras lo que se siente en la piel, en las fibras, en las entrañas de uno mismo.
Lo vi alejarse y ni siquiera atiné a preguntarle nada. Me quedé absorto tratando de decifrar aquella sensación.
… de todos modos algo me dice que no será la última vez que lo vea...