07. Ella

Veo su rostro tan perfectamente nítido que hasta puedo olerlo. Me acerco a ella y la tomo por la cintura. Me sonríe y me besa en los labios. Me muerde. Siento su aliento mezclarse con el mío. Chocamos nuestras narices y me aprieta la cintura mientras suelta unas palabras que apenas puedo entender. Le beso el cuello y le hago cosquillas. Le mordisqueo. Suelta una carcajada y me abraza. Se siente tan cálido que desearía congelar el tiempo en este preciso instante. Tomar esta fracción de segundo y hacerla perdurar en el tiempo. La tomo de las mejillas. Y por un segundo, que parece una eternidad, la miro a los ojos. Y veo una vida llena de felicidad y alegría. Me veo llegando a casa después del trabajo y ella recibiéndome como siempre lo hace, tan amorosamente encantadora. Y veo a nuestros hijos, que vendrán con el tiempo, y con ellos las obligaciones propias de los que tienen la responsabilidad de mantener y sustentar el hogar. Y esos viajes que planearemos para conocer poco a poco las delicias del mundo y sus lugares. Veo flashes e imágenes que por un segundo me llenan de alegría, o de ilusión.
Pero de pronto todo se desvanece. Ella grita, dice cosas incoherentes y hace ademanes con las manos. Gesticula frases sin sentido, al menos para mí. Su rostro es un mar de lágrimas, una tormenta de penas. Veo todo borroso. Me siento mareado. Miro a mí alrededor y los muebles del lugar están desparramados y hechos un asco, todo roto y tirado por el suelo. Y ella. Ella que grita y llora, y la veo arrodillada en el piso tomándose la cabeza con las manos. Y caigo en la cuenta de que mis manos están húmedas. Pegajosas. Y lo que siento no es sudor. Y lentamente las levanto y las pongo frente a mi vista.
Y es ahí cuando las miro tratando de entender qué es lo que pasa.
Y no entiendo porqué están todas cubiertas de sangre.

…y siempre es el mismo sueño…